LE PASO AL AMIGO DE UN AMIGO

RELATOS DE FICCION BASADOS EN MITOS URBANOS

QUE NO NOS GANE LA MIOPÍA julio 27, 2015

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 4:30 pm

© Daniela Rusowsky

Los famosos lentes de Stark

En el Chile de hoy se ha llegado a creer la quimera de que los problemas de los pobres no afectan a las clases más acomodadas y viceversa. Se piensa que la descentralización es un problema de las regiones, pero no de Santiago. Se asume que somos un país pobre y que es más fácil importar tecnología, que generarla. Nivelamos para abajo y nos creemos mejores que nuestros vecinos.

Países a los que miramos con desprecio, rápidamente nos están sacando ventaja entregando mejores beneficios sociales a sus ciudadanos y mayor preocupación por sus ecosistemas y recursos naturales. Ni hablar de las economías emergentes en Asia, ni de los músculos que está ejercitando China por expandir la dependencia económica de las economías occidentales, ni del odio radical de varios países del mundo islámico, cuyo objetivo dejó de ser el minúsculo estado judío de Medio Oriente, para ser el mundo occidental en su conjunto.

Pero más allá de las palabras de campaña política quisiera invitarlos a entender a qué me refiero con estos problemas estructurales. Pongamos como ejemplo la congestión vehicular en Santiago. No hay autopistas, ni metros, ni planes de locomoción colectiva que vayan a solucionar el caos dominante en las horas peak. No se pueden poner más vagones, ni evitar más micros en el centro, ni educar aún más a la población a utilizar el sistema automatizado. La solución es reducir el número de pasajeros, lo que se puede lograr de tres maneras:

1.- Que haya una epidemia masiva o un asesinato colectivo o un meteorito gigante que caiga sobre la capital, reduciendo en forma drástica su número de habitantes. Como esta alternativa es obviamente poco atractiva y conlleva una serie de otros problemas sociales pasaremos a una segunda opción.

2.- Que haya una emigración significativa a otras regiones del país, fortaleciendo la industria regional y el desarrollo económico nacional. Esto implica invertir en un transporte público adecuado en regiones, ya que es imprescindible no replicar en problema y generar mini-santiagos en el resto del país.

3.- Que los habitantes no necesiten trasladarse, es decir fortalecer las comunas, generando vida de barrio y opciones laborales cercanas al domicilio, donde los habitantes de cada comuna puedan usar más ciclovías y transporte público por distancias cortas, evitando atochamientos de gente en una u otra dirección.

Estas opciones requieren de una adecuada planificación territorial, de municipios con altura de mira y visión de largo plazo y la voluntad de evitar el profundo proceso de gentrificación que ha dividido la ciudad en barrios de ricos y barrios de pobres. Si no nos gana la miopía, podremos hacer frente a todos estos problemas que amenazan con sacarnos el piso por donde caminamos. Si dejamos de defender el status quo del modelo económico que hemos consolidado, podremos avanzar en una sociedad no sólo más justa, sino ambiental y económicamente sustentable. Si nos damos cuenta que estamos rodeados de riquezas que van más allá de las materias primas, podremos hacer frente al vendaval del cambio climático y adaptarnos mejor al nuevo orden económico mundial. Dejemos la esquizofrenia de querer ser como Alemania o Finlandia, si no nos animamos a imitar también su modelo económico-social.

Demos una oportunidad al capital humano avanzado que se encuentra en el extranjero, abramos las puertas a las demandas estudiantiles, fijemos nuestra mirada no sólo en la gratuidad de la educación, sino en la calidad de la misma. Chile y sus habitantes se lo merecen. Un Chile donde las capitales regionales cuenten con la oferta cultural y de servicios que ofrece la capital, ciudades que den trabajo y aporten al país, regiones que sean capaces de administrar las riquezas que generan. Un país que no concentre un tercio de su población en una megápolis, es un lugar con la oportunidad de mejorar y crecer. Que no nos  miopía, aquella que no nos deja ver el mundo del mañana.

 

El Hombre del Reciclaje mayo 24, 2015

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 3:51 pm

El otro día llamaron a la puerta y un desconocido con un carrito de bicicleta me miró sonriente y exclamó : “ Buenas tardes, soy el hombre del reciclaje”. Me costó un par de segundos darme cuenta de lo que me pedía. Mi cara de incredulidad lo motivó a ser un poco más explícito. “Soy el hombre del reciclaje, vengo a buscar las cosas que ya no le sirven”. “¿Qué tipo de cosas?”, pregunté . “Cualquier cosa que ya no vaya a usar, yo lo reciclo”, contestó el hombre con su mejor sonrisa.

Entonces entendí que su labor era la misma del antiguo ropavejero, el hombre del reciclaje era la competencia directa de aquel que había pasado por mi puerta la semana anterior inspirando lástima para que le diera “cualquier cosita que tuviera” , pero que en versión 2.0 se había desplazado de ser el último eslabón de la cadena social a un adelantado de los tiempos y un emprendedor.

El hombre del reciclaje me dejó pensando, admirada por su espíritu y su visión ambientalista sobre su actividad comercial. Básicamente su labor era la misma que la del hombre de la semana anterior, pero en vez de situarse como alguien a quien ayudar por compasión, él se presentaba como alguien que ofrece un servicio. Y no cualquier servicio, sino uno ambientalmente sustentable, todo un ecologista.

Muchas cosas en la vida dependen de un asunto de actitud, mientras otras dependen de las estructuras en las cuales nos movemos. Estas dos aristas, una interna y otra externa, moldean lo que llegamos a ser como personas y también como sociedad. La gran pregunta es si detrás de la marca verde de nuestro amigo, habría realmente una cadena de reciclaje y reutilización, o era simplemente un negocio más. Es ahí donde entran las estructuras sociales en las que nos movemos. Porque el emprendedor es confrontado por la desconfianza estructural de la cultura del engaño, donde el chamullento es rey.

En el Chile de hoy toda institución que se digne de tal debe mostrar una imagen vendedora y llena de fotos y palabras bonitas, dentro de las que se incluyen palabras de moda como el apoyo al emprendimiento social, la sustentabilidad socio-ambiental, el manejo responsable de los recursos naturales, el uso eficiente de la energía, el creer en las personas, el trato personalizado, entre otros conceptos fundamentales que se han transformado en slogans vacíos de campañas publicitarias. Tanta palabrería nos ha quitado la ilusión, y nos cuesta creer en quellos que de verdad hacen algo de lo que predican.

No parecen haber distinciones ni en el mundo político, ni en los negocios, ni en las instituciones públicas. La letra chica es la norma para publicitar algo y vender otra cosa. La desesperanza a veces me agobia, y me canso de aportar con mis pequeños granitos de arena y miserables ejemplos de educación cívica, como devolver el carrito del supermercado, hacer compost en mi jardín o postear noticias interesantes en las redes sociales. Pero a pesar de que sigo siendo una mosquetera frustrada que pelea por un mundo mejor, me refugio en la certeza de que existen personas como el hombre del reciclaje, como las ceramistas de Quinchamalí o como las curadoras de semillas de papas chilotas, que se sienten plenas sabiendo que su contribución a este planeta es pequeña, pero fundamental. Que se sienten parte de un todo mucho más grande que Chile, y así nos enseñan que no es necesario ganar todas las batallas para ser felices.

 

Cómo hacer puré de berenjenas ahumadas (Baba Ganoush) marzo 31, 2015

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 12:52 am

Esta receta es tradicional en el mediterráneo y el medio oriente, teniendo variaciones en la forma de condimentar las berenjenas. Hay recetas con vinagre, limón, pasta de sésamo (tjina), mayonesa o palta (aguacate). Generalmente todas las versiones incluyen ajo triturado.

1.- Poner las berenjenas al fuego en el quemador

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2.- Meterlas al horno (hacer agujeros con un tenedor para que no exploten)

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3.- Dejarlas enfriar y drenar

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4.- Partirlas por la mitad y sacarles la pulpa (pepas incluidas)

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5.- Machacar con un cuchillo, manteniendo la muñeca suelta al hacerlo.

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6.- Aliñar con ajo, sal vinagre y aceite a gusto. Quedan mejor de un día para otro. decorar con perejil o cilantro.

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YO NO CREO EN CHILE marzo 27, 2015

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 2:31 pm

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El martes pasado tuve el honor de escuchar una clase magistral de Sergio Bitar, en la inauguración del año académico de la Universidad Católica de Temuco. Fue un discurso impecable con el que adherí en su totalidad. Da gusto escuchar a alguien de la vieja escuela, alguien quien luchó por sus ideales y peleó por un Chile más justo, por la democracia, por un ideal basado en valores. Alguien que sabe de lo que está hablando y tiene visión de futuro. Alguien que aún puede terminar un discurso diciendo :” Yo creo en Chile”.

No debo negar que sus palabras sembraron en mí sentimientos confusos. Tal vez hasta algo de envidia de saber que pese a que él ve todas nuestras deficiencias y conoce las estadísticas que deberían avergonzarnos, aún puede creer en Chile. Yo en cambio, ya no creo en que los chilenos seamos conscientes de la realidad que nos circunda. Sólo creo que mis acciones pueden aportar a retardar el inevitable proceso de extinción masiva en que nos hemos enfrascado porque no estamos dispuestos a vivir con mayor simpleza. Mis granitos de arena me llaman a ser consecuente con principios de educación cívica, con fundamentos morales de lo que antes se llamaba la “buena crianza”. Con la esperanza de que el día en que el planeta nos pase la cuenta, no les toque a mis hijas.

El Chile de la clase media trata desesperadamente de subirse al carro inalcanzable de la clase alta, y el Chile de la clase baja –que olvidamos es la gran mayoría- o no tiene ambiciones o cree que si alguno de sus hijos logra ser profesional saldrá de la pobreza. Debo reconocer que es en ese Chile donde he conocido gente muy sabia, gente que escucha a la naturaleza más que nosotros, quienes vivimos entre el cemento y los teléfonos inteligentes. Necesitamos buenos gásfiters, electricistas, operarios, técnicos calificados; dejemos de pensar que si nuestros hijos llegan a ser abogados o sicólogos les irá mejor. Sólo ganarán status, y una gran frustración. Aquellos que siguieron avanzando y partieron a perfeccionarse al extranjero pocas veces tienen cabida en el mercado nacional. Sólo el pituto es fecundo, dice el dicho popular. Sin mencionar que las universidades extranjeras suelen ser más condescendientes con los alumnos latinoamericanos, que con sus compatriotas, entregando títulos que no siempre son sinónimo de una mente brillante.

En Chile pasamos de no creernos el cuento, a creer que lo estamos haciendo bien, a pensar que estamos mejor que los vecinos, lo que no es tan cierto. Como canción rockera de los 80’, estamos rodeados de viejos vinagres, pero peor aún, también de jóvenes avinagrados que no piensan más allá del fin de semana o que se proyectan llenos de vanidad como estrellas del futuro. De padres enfrascados en discusiones absurdas pidiendo más disciplina y la fórmula perfecta para tener hijos perfectos con puntajes nacionales, de gente que cree que con leyes se cambian los hábitos y de niños que no saben jugar por haberse pasado su corta existencia frente a una pantalla. Contradictoriamente hablamos de “buenos colegios” y de “calidad de la educación”, bombardeando a los niños con actividades extra-programáticas que los hagan ser más perfectos aún, más parte del grupo, más destacados, y menos independientes en su capacidad creativa.

No hay tiempo de ocio, no hay diálogo, no hay experiencia familiar colectiva. Los niños se crían para pertenecer a una casta en la que deben homogeneizarse, que se junten con los hijos de los padres más exitosos, que desde chicos sepan elegir. Pero sobre todo no hay tiempo para pensar en el otro o situarnos en un contexto más amplio a nuestras circunstancias. Sí hay tiempo para procesos administrativos y conductos regulares. No hay tiempo para decisiones estratégicas, pero sí para conversaciones de pasillo y chateos banales en un whatsappeo que nunca termina. El mundo virtual es una ventana para construirnos como queremos que nos vean, para juzgar a otros, para felicitar a aquellos que nos conviene. Nos hemos convertido en un Chile de pocos, en un Chile consumista, en un Chile extractivo, en un Chile de papel y declaraciones bonitas. Seguimos creyendo que somos un país pobre, y no es verdad. Somos un país donde hay muchos pobres, que no es lo mismo.

Estamos convencidos de que una ciudad limpia es la que no tiene basura en las calles porque el camión pasa todos los días, y no la que recicla y el camión pasa cada dos semanas. Creemos que la eficiencia energética es usar ampolletas de bajo consumo para poder gastar más, que no importa gastar más bencina porque total está más barata, que el humo negro de las micros viejas que llegan a regiones no es relevante. Seguimos pensando que podemos romper las leyes mientras no nos pillen o nos saquen un parte. Que los niños que salen eyectados por el parabrisas por ir adelante o sin cinturón, serán siempre los de otros padres, que la política es sucia y es mejor no meterse en eso y que la ley del mínimo esfuerzo debe ser el lema de todo trabajo, mientras todos crean que se está estresado y lleno de pega. El estrés es la bandera del trabajador esforzado.

Pero por sobre todo creemos que el jefe siempre tendrá la razón -hasta que deje de ser jefe, claro-, porque ser zalamero es la clave para mantener la pega, y pobre de aquel que venga con ideas nuevas, raras, o que discrepe de lo que dice el superior. Pobre de aquel que se salga de su metro cuadrado y opine de la finca del de al lado. Creemos que un buen líder es el que habla bonito y ostenta poder, mejor aún si tiene mano dura. Es el trabajo lo que nos define como personas, es nuestra función en la sociedad, nuestra cara visible. Nos definimos como  “el director de , el dueño de , el encargado de”. Ser emprendedor suena a que no encontraste trabajo y se te ocurrió hacer algo a ver si resulta. Los que tienen negocios “en serio” se llaman empresarios.

Hace poco más de un año desembarqué en el aeropuerto de Santiago movida por la esperanza. Llevaba nueve años viviendo en el extranjero, entre el trópico y Europa mi experiencia de vida me había convertido en un ser humano más enriquecido, más empoderado, más curtido. En Europa ya está casi todo hecho y mi anhelo por ser un factor de cambio social se veía disminuido frente a los problemas propios de estar inserta en una cultura ajena, con otros códigos sociales, otro idioma y por sobre todo sin contactos. No es que venga de una familia de gran linaje, pero al menos acá pisaba un terreno más conocido y yo creía en Chile. Creía en Chile no porque las cosas funcionaran bien, sino porque hay mucho por hacer y mi aporte puede ser valioso. Yo creía que Chile me necesitaba y estaba aquí para servir a mi país. Tras haber luchado codo a codo con mis compatriotas armando la campaña “Haz tu Voto Volar” por el voto chileno en el extranjero, era el momento de ser parte de la democracia.

Llegué en momentos previos a un cambio de gobierno, y puse mis conocimientos y experiencia al servicio de la clase política que más me representaba –ciertamente de aquella más cercana a don Sergio Bitar- pero hubo sólo voladores de luces, respuestas esquivas y gente mucho menos preparada que yo –pero con trayectoria política- comenzó a ocupar los cargos públicos. Mi marido, alemán y contratado por UC Temuco por sus credenciales académicas, ha tenido que respirar profundo y contar hasta mil cada noche para seguir adelante con el capricho de su mujer de haber regresado a Chile. Una puerta se abrió para mí y comencé a trabajar en la universidad fortaleciendo el vínculo con los empresarios. Una quijotada en todo el sentido de la palabra, pero para eso nacimos los aventureros.

He conocido gente maravillosa, me siento sola y acompañada al mismo tiempo. Mi pérdida de confianza en el sistema judicial, fue la guinda de la torta. La justicia falló a favor de la dueña del inmueble donde vivimos al principio, y le permitió sin ni siquiera haberse presentado a declarar quedarse con nuestro mes de garantía sin explicación alguna ni boleta que respaldara ni uno solo de sus gastos (incluyendo la reparación de un vidrio que aún luce quebrado). La señora Zirotti, que mira a todos para abajo como si fuera de la realeza forma parte de una familia conocida de Temuco, otro caso de corrupción enmascarada, que le permite tratar a sus inquilinos como si fueran esclavos y ella la dueña del latifundio. Como si fuera poco, la vecina de enfrente, hizo una denuncia a la policía porque a mi me molesta donde se estaciona y los ladridos de su perro no me dejan dormir. Obviando los detalles de que se estaciona frente al grifo y mantenía al perrito amarrado en un espacio pequeñísimo. Tuve que ir al juzgados de policía local a prestar declaraciones. Ella comete la infracción y me acusa a mi, para no creerlo. Tal vez lo hizo en un mal momento, vaya a saber uno.

A pesar de que ya no creo en Chile, muchos me aplauden por mi energía y entusiasmo. Sigo adelante, realizo actividades voluntarias, recibo más cariño que mala onda, y entiendo que la mayoría de las cosas que pasan no son de mala voluntad, sino por falta de empatía. Ponerse en el lugar del otro debe ser mucho más que un discurso, valorar la diversidad debe ir más allá de un estatuto y creer en un futuro mejor, requiere de mucha entereza espiritual, y eso es lo más difícil. En eso estoy, buscando fuerzas de flaqueza. Tal vez aún es tiempo de ocupar un puesto clave desde donde pueda ralentar el rumbo inevitable de las cosas.

 

LOS DEFENSORES DE LA VIDA junio 30, 2014

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 2:40 pm

Ritmo cardiaco

No voy a hablar del aborto ni de religión, sino del uso del cinturón de seguridad y del valor que le damos a la vida. Parece filosófico, pero ha llegado a darme cuenta que en esta tierra de contradicciones, esa parece ser la piedra de tope para solucionar todo lo demás.

 

Una de las cosas que me han llamado la atención desde mi regreso a Chile, es que el uso del cinturón de seguridad se ha vuelto cada vez más ocasional, y quienes optan por usarlo parecen más preocupados del parte que de su seguridad.

 

Le he preguntado insistentemente a taxistas y colectiveros por qué no lo usan y por qué los cinturones del asiento trasero –si es que existen- están escondidos en las profundidades del asiento. La respuesta siempre es la misma: “La gente los esconde porque le molesta”. A lo que yo pregunto “ ¿Y usted por qué no lo usa?”.  Y la respuesta standard se repite: “Porque es incómodo, y al estar subiendo y bajándose a cada rato?”. Continúo en mi arremetida “¿Pero si usted va manejando, no se tiene que bajar mucho?. Viera usted lo que me bajo y subo del auto yo cuando acarreo a mis hijas, y no me molesta el cinturón. Es cosa de costumbre, como lavarse los dientes. Si no lo hace uno se siente extraño?.” El chofer comienza a molestarse y masculla, un intranquilo “sí, puede ser’. No me rindo “¿No sabe que es peligroso, que hasta a 20 km por hora si se pega en la cabeza en el vidrio puede morirse o quedar con secuelas graves?”. El chofer ya no me tiene paciencia. “Sí, si tiene razón, pero es incómodo”. Le dejo la moraleja y me bajo “Bueno, yo digo no más. Si la incomodidad vale más que su vida es cosa suya”.

 

El uso del cinturón y de las sillitas para niños parece ser un tema secundario donde se juega con la suerte más que con la razón o las estadísticas. Los niños saltan a su antojo dentro de los autos y los padres se excusan en una injustificable falta de autoridad “No tengo cómo obligarlo a que lo use, se lo saca solo”. Les prometo que sufrí el mismo problema y mi auto no se mueve si las niñas no van bien amarradas y en el asiento trasero con sus respectivas sillas. Punto, no está en discusión, y ellas lo aceptan y entienden. Es más no permiten que mueva el motor si aún no se han abrochado, porque además lo hacen solas.

 

No es mi intención alabar mis dotes de disciplina, que distan mucho de la perfección, pero en la vida hay cosas intransables, y una de ellas es el respeto a la vida, especialmente de aquella que nosotros mismos hemos traído a este mundo. De qué sirve rasgar vestiduras por el respeto a la vida por nacer, si una vez que nacen no tomamos esa responsabilidad cabal de velar por su existencia.

 

La pregunta de fondo es cómo vamos a esperar generar conciencia por el medio ambiente, por el prójimo, por un mundo más justo y solidario, si nuestra mirada de largo plazo no incluye cuidar nuestras propias vidas. El aquí y el ahora es demasiado fuerte y profundo, la esperanza de que hoy no me va a pasar nada dura hasta que las cosas pasan y sus consecuencias son irreparables. Las estadísticas son escalofriantes, casi 60 muertos en accidentes de tránsito en La Araucanía tan sólo en lo que va del año. Cambiar el chip de la inmediatez es la clave para cambiar todo lo demás, o seguiremos siendo el país solidario que se une para los incendios y las inundaciones, pero que no se prepara para evitar que eso ocurra.

 

 

 

 

 

 

Cambio de folio junio 9, 2014

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 2:14 pm

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El fin de semana disfrutamos del emotivo cambio de folio de mi papá, quien poco después de cumplir 30 años fue padre por primera vez, y desde entonces las grandes cifras siempre nos tocan juntos. Me encamino con paso firme a dejar atrás los treinta y tantos. No sé si la “middle age crisis” acaba de pasar o se me viene.

 

Estoy en la semana 28 de mi regreso a Chile, y para no ser llorona, digamos que sólo me falta la pega para cerrar el cuadro de sentirme instalada. Estoy en esa etapa de la vida cuando uno se perfila en “el mejor momento de su carrera”, pero en mi caso la gran experiencia acumulada aún no da frutos substanciales.

 

El ser mujer y madre, me quita un poco el peso social de la cojera profesional. Me concentro en un proyecto a la vez, pero la multiplicidad de mis talentos me dispersa. Me cuesta definirme en lo que soy y pierdo el norte de lo que quiero lograr. La experiencia me ha dotado de paciencia, pero también de destrezas a intereses diversos, que no logran aunarse en una sola línea de trabajo.

 

Digamos que estoy abierta a las posibilidades y que iré tomando el sendero que se vea más amigable. Voy tocando puertas como si estuviera en un programa de Pepito TV ¿Se abrirá la puerta adecuada o me perderá en una opción equivocada? A veces compro el Kino, el que no juega no gana.

 

Me han dicho que las asesorías son “para los amigos de” y los desgastantes fondos concursables se abren como la opción a entrar en la máquina de financiamiento estatal, que cada vez presiona más por el engranaje público-privado. He postulado a muchas pegas con sentido y otras sin sentido, pero supongo que mi carrera no tradicional y mi perfil de emprendedora, más que de asalariada, no juega a mi favor.

 

Por el momento mi estrategia es hacerme visible. Mostrar que existo. Desplegar mis talentos, mi sonrisa, mi entusiasmo. Fui a un seminario y expuse en un gran escenario. A mi salida me preguntaron en qué universidad trabajo, y sin darme cuenta contesté “yo no trabajo, o sea sí… mi marido trabaja en… y yo me estoy reinventando, armando mi consultora…llegue hace poco a la región”. Me enredé, lo confieso, me cuesta definir quién soy.

 

Llego a la casa y sigo armando proyectos, atendiendo niñas enfermas, organizando la vida doméstica. Mi hija me ve sentada en el computador escribiendo un mail “urgente” y me dice: “¿Por qué trabajas tanto mamá? Siempre estás trabajando y nunca paras”. Me deja unos segundos sin respuesta. Le contesto. “Porque buscar trabajo o llevar tu propio negocio es más demandante que ir a una oficina, porque no puedo parar hasta que me resulte”.

 

Espero darle el ejemplo de tenacidad. Daniela la periodista, la documentalista, la escritora, la antropóloga, la consultora en medio ambiente, la emprendedora, la asesora en comunicación estratégica. La que trabaja en temas judíos y en cocina e identidad. La madre, la esposa, la amiga, la apoderada. Daniela ad portas de los cuarenta, con unos treinta bien viajados, unos veinte bien trabajólicos, una adolescencia de alumna matea de espíritu rebelde, y una infancia protegida. Los cuarenta serán mi nueva aventura, una que empiezo izando todas mis banderas .

 

 

 

Chile empresarial versus paracetamol infantil mayo 30, 2014

Filed under: Uncategorized — danielafunk @ 9:34 pm

Daniela Rusowsky ©

Recientemente tuve el placer de asistir a Enela, el encuentro empresarial más grande de la Araucanía. Mi hija ardía en fiebre, pero apreté el corazón, me encaramé en las botas de tacón y emprendí el rumbo para hacerle saber al mundo que estoy aquí, generar redes, escuchar al empresariado y continuar mi largo y dedicado proceso de reinserción laboral en la patria querida.

 

Cruzar el umbral del hotel donde se realizó el evento fue como traspasar el espejo de Alicia. Una realidad paralela a Temuco city  se desplegó ante mis ojos y al subir las escalinatas, los súbditos del País de las Maravillas me bombardearon con dulces y souvenirs, que de alguna manera, al igual como le ocurrió a Alicia, también prometían hacerme crecer para alcanzar aquello que no poseo. Un par de conejos blancos daban vuelta alrededor de las sillas mirando el reloj, y las luces se encendieron mientras el público se sentaba vestidos de negro y gris. No había glamour, ni risas, ni poses. Se sentía expectación, pero no euforia. Las motivaciones eran dispares, el público también.

 

Los oradores fueron elocuentes, mostraron que saben de lo que están hablando, cada uno ocupando el pódium desde su zona de seguridad. En general hablaron con la verdad, entregando piezas para armar una radiografía de Chile. El Chile de los diagnósticos, el de las estadísticas, el de las buenas intenciones. No puedo negar que me entretuve y que siempre se aprende algo nuevo, pero esta maratón de plenarios terminó por agotarme. No hubo espacios de generación de redes, ni talleres más íntimos, sólo plenarios. La energía colectiva comenzó a bajar.

 

El corazón de madre me hizo arrancarme a mi casa a acompañar un ratito que sea a la enferma. El botones me abrió las mamparas y la realidad se abalanzó estrepitosamente frente a mis narices. Las micros destartaladas bramaban por Avenida Alemania y las vereda a medio pavimentar no ayudaba a mi caminar empinado. A un lado de la mampara parecemos tan seguros de las soluciones, tan lúcidos de los problemas, de la contaminación, de los costos, de las injusticias sociales, de la importancia vital de la opinión de la gente y el cuidado del medio ambiente. Al otro lado del cristal un mar de gente parece no estar ni remotamente enterados de los diagnósticos y soluciones de los políticos y empresarios.

 

No di mi brazo a torcer y tras abrazar a mi pequeña con cariño, volví  al evento para no perderme el final. En el lobby me encontré con uno de los invitados de honor. Lo felicité por su exposición, lo hice de corazón, no sólo por elogiar. Por dentro me preguntaba qué se sentirá ser miembro de por lo menos dos de las  famosas “siete familias” o como dicen algunos videos de “los poderosos de siempre”. Conversamos un poco, le gusta hablar de temas técnicos, supongo que es su zona de confort. Con un traje impecable, unos lentes de moda que le quedaban bien y lo hacía lucir mucho más guapo que en las fotos corporativas. Dijo que no andaba con tarjetas, puede que haya sido verdad, dejemos abierto el beneficio de la duda. Le pregunté que cómo lo ubicaba y me dijo que en la página web, pero yo sabía que no tienen publicados los correos electrónicos. A lo mejor él piensa que están ahí, nuevamente el beneficio de la duda…

 

Sumando y estando, fue una buena experiencia, no puedo disimular que disfruto de vez en cuando el mundo corporativo. A mi regreso mi hija seguía volando en fiebre y le prometí que le iría a buscar sus manualidades porque no podría participar de la fiesta que tenían esa noche en el jardín. Los apoderados se portaron de maravilla, todos preguntando por ella y mandándole buenos deseos. Una mamá fue tan buena gente que fue a buscar paracetamol  a su casa para que yo no perdiera tiempo yendo a la farmacia y me “retó” por no haber pedido ayuda.

 

Recibir la cajita de paracetamol infantil en mis manos fue lo mejor que me pasó en el día. Ver que alguien cuando quiere hacer algo, puede hacerlo, fue una prueba irrefutable que es en las pequeñas acciones donde radica la diferencia. Estoy segura de que Enela es una tremenda oportunidad para la Araucanía, pero lo sería aún más si existiera el espacio para los participantes se conocieran, los santiaguinos los escucharan y terminaran intercambiándose no sólo tarjetas, sino cajitas de paracetamol, o aquello que el otro necesite en ese preciso momento.